martes, 11 de agosto de 2026

¿De quién son Jesús y los derechos humanos?

Leí el artículo de Xavier Reyes, “La derecha es el nuevo punk”, y me dejó una profunda reflexión.

Me preocupa ver cómo Jesús está siendo convertido en una mascota ideológica de determinados sectores de la derecha, mientras que, al mismo tiempo, los derechos humanos parecen haberse convertido en patrimonio o instrumento político de ciertos sectores de la izquierda.

Y creo que ambas cosas son un problema.

El Jesús de los Evangelios fue profundamente incómodo para los poderes de su tiempo. Se acercó a quienes eran excluidos, dignificó a las mujeres, estuvo del lado de quienes sufrían, cuestionó la hipocresía religiosa y expulsó a los mercaderes del templo cuando la fe había sido atravesada por intereses económicos.

Pero Jesús tampoco pertenece a la izquierda.

Jesús no pertenece a ninguna ideología.

De la misma manera, los derechos humanos tampoco deberían pertenecer a la izquierda, a la derecha ni a ningún partido.

Como ciudadana ecuatoriana, puedo estar profundamente decepcionada de una izquierda que ha sido corrupta, incoherente, ha abusado del poder y, en algunos casos, terminó convirtiéndose en una nueva élite privilegiada. Pero eso no significa que debamos aceptar un retroceso en derechos ni entregar nuestra democracia a proyectos autoritarios.

También puedo cuestionar a una derecha que históricamente ha defendido intereses de poder y que hoy, en algunos sectores, pretende utilizar el cristianismo para legitimar exclusiones o retrocesos.

No quiero cambiar una élite por otra.
No quiero un poder sin límites, venga de donde venga.

Quiero conservar la libertad de cuestionar a todos los poderes.

Quizá la pregunta que deberíamos hacernos no sea:

¿Esto es de izquierda o de derecha?

Sino:

¿Qué hace esto con la dignidad humana, especialmente con quienes tienen menos poder?

Porque los derechos humanos no deberían ser un títere de la izquierda.

Y Jesús tampoco debería ser la mascota ideológica de la derecha.

Ambos deberían seguir siendo, precisamente, aquello que incomoda al poder.

Si les interesa leer, aquí el texto de Xavier Reyes: La derecha es el nuevo punk

jueves, 6 de agosto de 2026

MIS RAÍCES

Quito, 6 de agosto de 2026

Hoy quiero compartir una experiencia que profundizó mi manera de comprender la danza, el cuerpo y la memoria.

Durante los últimos meses he acompañado a una comunidad de mujeres en un proceso creativo ecofeminista a través de la danza fusión oriental, dentro del Proyecto Casa Somos del Municipio de Quito. Nuestro viaje comenzó con una pregunta sencilla y profunda: ¿qué sucede cuando volvemos a los elementos que nos habitan?

Agua, tierra, fuego y aire.

Nuestro cuerpo está hecho de ellos. Somos agua que circula en la sangre, tierra que sostiene nuestra materia, aire que nos mantiene con vida y fuego que enciende nuestros sueños, nuestra creatividad y el deseo de vivir.

Sin embargo, en las sociedades contemporáneas vivimos cada vez más lejos de esa naturaleza que somos. La lógica de la productividad nos exige correr, producir y rendir sin descanso. El filósofo Byung-Chul Han describe cómo terminamos convirtiéndonos en nuestros propios explotadores. Mientras devastamos la Tierra, también agotamos nuestros cuerpos y nuestro espíritu.

Pero el arte tiene una forma silenciosa y rebelde de resistir.

Nos dice: detente.

Vuelve a la tierra.

Vuelve al cuerpo.

Vuelve a escuchar la lluvia, el viento, el silencio, las estaciones.

Vuelve.

Y nosotras volvimos.

Volvimos a la tierra a través de la danza.

A esa tierra donde descansan nuestras ancestras y nuestros ancestros; quienes caminaron antes que nosotros, atravesaron guerras, pobreza, migraciones, violencia, pérdidas y también momentos de esperanza. Gracias a ellos hoy estamos aquí.

Mirar hacia atrás no significa quedarse atrapadas en el pasado. Significa honrarlo. Comprenderlo. Darle un lugar para que deje de gobernar desde la sombra y pueda convertirse en raíz.

De ese proceso nació la coreografía Mis Raíces, creada junto a las alumnas del Taller de Danza del Vientre de Casa Somos Conocoto.

Más que una secuencia de movimientos, esta obra es un camino de reconciliación con nuestra historia personal y colectiva. Una historia marcada por heridas que muchas mujeres hemos heredado generación tras generación.

Crecimos escuchando frases que parecían normales:

"No hables."

"No muestres tu cuerpo."

"No muevas las caderas."

"Si enseñas las piernas parecerás una prostituta."

Mandatos que buscaron controlar nuestros cuerpos, nuestra libertad y nuestra voz.

En cada ensayo elegimos responder con movimiento.

Porque bailar también es una forma de decir no.

No al miedo.

No a la vergüenza.

No a la culpa heredada.

Cada giro, cada ondulación y cada paso fueron pequeños actos de libertad.

En el grupo convivieron niñas, jóvenes, mujeres adultas y adultas mayores. Cada una llegó con una historia distinta, pero muy pronto descubrimos que compartíamos preguntas, heridas y deseos parecidos.

Entre los ensayos aparecieron conversaciones profundas, silencios que abrazaban y sentires que no necesitaban explicación.

Después llegó otro desafío inesperado: elegir el vestuario.

Y allí apareció uno de los conflictos más cotidianos y, quizá, más invisibles que enfrentamos las mujeres: la relación con nuestro propio cuerpo.

Nos preocupaban los rollitos de la cintura, las cicatrices, las marcas que dejó la maternidad, el paso del tiempo, aquello que aprendimos a esconder porque alguna vez nos hicieron creer que era imperfecto.

Nos tomó tiempo llegar a un acuerdo.

Al final decidimos que cada mujer adaptara la parte superior del vestuario según aquello que le permitiera sentirse cómoda y segura.

Comprendimos que la libertad también consiste en poder elegir.

Durante todo el proceso hablamos de las imposiciones sobre la belleza, de los modelos imposibles que consumimos desde niñas y de cómo tantas veces aprendimos a mirarnos con dureza.

No es sencillo descolonizar la mirada, ni el cuerpo.

No es fácil dejar de compararnos cuando crecimos rodeadas de imágenes que pretendían definir cómo debía verse una mujer.

Pero lo intentamos juntas.

Y eso hizo toda la diferencia.

Porque aprender a bailar también fue aprender a habitar nuestro cuerpo con un poco más de ternura.

Al finalizar la coreografía Mis Raíces, nos reunimos en círculo para compartir lo vivido.

Escuché palabras que aún resuenan dentro de mí:

Cerrar un ciclo.

Reconciliarme.

Honrar.

Comprender.

Agradecer.

Avanzar.

Entonces entendí que la danza había hecho algo mucho más profundo que enseñar una coreografía.

Había abierto un espacio para mirarnos con honestidad y reconocer que nuestro pasado no determina nuestro destino.

Podemos elegir qué conservar y qué transformar.

Volver a las raíces es un acto de valentía.

Es abrazar la tierra que nos dio origen.

Es reconocer la historia de quienes nos precedieron sin romantizar sus dolores, pero también sin negar los aprendizajes que nos dejaron.

Es hacer las paces con aquellas heridas que heredamos para dejar de repetirlas.

Cada paso que danzamos fue una ofrenda de amor a nuestros ancestros.

Cada movimiento fue una manera de agradecer la vida recibida.

Cada giro fue una promesa de que podemos construir una historia distinta para nosotras y para quienes vendrán después.

Porque cuando hacemos las paces con nuestro pasado, la Tierra nos sostiene, las raíces nos fortalecen y el futuro comienza, lentamente, a florecer.

Hoy comparto con ustedes Mis Raíces, una creación nacida desde el abrazo de la Tierra, de la memoria que habita nuestros cuerpos y de las historias que siguen vivas en nuestro linaje para honrarlas y avanzar con libertad hacia nuestros propios sueños.

Esta obra fue creada desde mi alma e interpretada con entrega por las alumnas del Taller de Danza del Vientre de Casa Somos Conocoto del Municipio de Quito, mujeres que encontraron en el arte un espacio para sanar, crear y florecer juntas.

Si este mensaje resonó en ti, te invito a acompañar esta creación con un me gusta, un comentario o compartiendo el video. Cada gesto ayuda a que este mensaje de reconciliación, memoria y esperanza llegue a más personas.

🌿 Porque cuando honramos nuestras raíces, la Tierra nos sostiene, nuestra memoria florece y el futuro se llena de posibilidades.

"Mis Raíces"




sábado, 11 de julio de 2026

EL DÍA QUE ME ESCRIBIÓ ISABEL ALLENDE

En el año 2022 viví uno de los momentos más emocionantes de mi carrera profesional. Fui contratada para trabajar en el proceso de evaluación de la Ley Orgánica Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en Ecuador.

Me sentía profundamente feliz. Durante años me había preparado con disciplina en legislación, derechos humanos, con énfasis en derechos de las mujeres. En ese recorrido uno de los momentos más significativos fue cuando integré el equipo de élite intelectual del principal órgano asesor de la Asamblea Nacional del Ecuador, una instancia estratégica que trabajaba directamente para la Presidencia del Parlamento y cuya labor orientaba las decisiones institucionales de toda la función legislativa del Ecuador. Desde ese espacio tuve la responsabilidad de elaborar informes especializados sobre los avances en materia de derechos de las mujeres para la Presidencia de la institución. 

Sentí que cada libro leído, cada esfuerzo académico y cada convicción cultivada encontraban, un propósito estratégico para superar la violencia contra las mujeres en Ecuador. Sin embargo, mi compromiso con esta causa nació mucho antes de convertirme en abogada.

Desde niña viví situaciones que marcaron mi forma de mirar el mundo. Sentí el rechazo de mi padre, quien siempre quiso tener un hijo varón para perpetuar el apellido. Vi cómo el alcohol y la violencia destruyeron la paz de mi hogar. Vi a mi madre soportar el maltrato. Vi a mi abuelo repetir la misma historia. Vi a mi abuela criar una familia numerosa y cargar casi sola con el trabajo del cuidado. Ella murió sin recibir atención médica a tiempo en un hospital público porque nunca tuvo acceso a un sistema de salud que la protegiera.

Esas experiencias sembraron en mí una pregunta que todavía me acompaña: ¿por qué la vida de tantas mujeres ha valido tan poco?

Gracias al estudio, al esfuerzo y a las becas que obtuve, pude formarme en Ciencias Sociales y comprender que aquellas historias familiares no eran casos aislados, sino parte de problemas estructurales mucho más profundos.

Desde muy pequeña soñaba con trabajar por la justicia. Aún recuerdo a mis profesoras felicitándome por las reflexiones que escribía sobre los problemas sociales. Treinta años después, allí estaba, trabajando precisamente en un informe destinado a fortalecer la protección de los derechos de las mujeres.

Trabajé con dedicación, sorteando obstáculos cotidianos: demoras administrativas, dificultades para acceder a información e incluso actitudes poco colaborativas dentro del propio equipo. Mi objetivo era sencillo, pero enorme: construir un informe honesto, útil y técnicamente sólido que sirviera para mejorar la respuesta del Estado frente a la violencia que viven miles de mujeres.

Sin embargo, una de las experiencias más dolorosas no provino de quienes históricamente se han opuesto a estos derechos.

Llegó una colega, una reconocida abogada feminista, para apoyar el proceso. Era ampliamente conocida por su trabajo jurídico y por su defensa pública de las mujeres víctimas de violencia. Recuerdo que, sintiéndome en confianza, incluso le conté una experiencia de acoso laboral que había vivido.

Con el paso de los días observé cómo comenzaron fuertes enfrentamientos entre distintos liderazgos del movimiento de mujeres. Las diferencias dejaron de ser únicamente de ideas y se transformaron en disputas por espacios de incidencia, reconocimiento e influencia. Presencié discusiones tensas y momentos profundamente incómodos entre mujeres que compartían una misma causa.

Mi lugar terminó siendo el de mediadora.

Curiosamente, esa posición me recordó muchas veces a mi infancia, cuando intentaba mantener la paz entre mis propios padres.

Mientras unas personas buscaban posicionar determinadas agendas, otras defendían los espacios que habían construido durante décadas. En medio de esas tensiones, yo solo quería que el informe respondiera a una pregunta esencial: ¿cómo lograr que las instituciones funcionen mejor para proteger a las mujeres?

Fue entonces cuando ocurrió algo que jamás olvidaré.

El 14 de noviembre de 2022 vi un live de Isabel Allende. La escuché hablar sobre la sororidad y el apoyo entre mujeres.

Sus palabras me atravesaron profundamente.

Después de todo lo que había presenciado durante aquellos meses, sentí la necesidad de escribirle y le conté mi congoja:




Me preguntaba cómo era posible que, incluso dentro de espacios creados para defender los derechos de las mujeres, pudiéramos reproducir dinámicas de competencia, descalificación y luchas de poder.

¿Cómo era posible que, después de cuestionar durante tantos años ciertas formas de ejercer el poder, termináramos repitiendo algunas de ellas?

¿Por qué nos cuesta tanto reconocer el trabajo de otra mujer?

¿Por qué, en ocasiones, parece más importante ocupar un espacio que construir juntas un cambio verdadero?

Durante ese proceso defendí la importancia del diálogo, del respeto y de la construcción de alianzas. Creía y sigo creyendo que las transformaciones profundas requieren puentes, no únicamente confrontaciones.

No siempre fui comprendida.

Con el tiempo fui perdiendo responsabilidades dentro del despacho hasta quedar completamente al margen. Finalmente, mi participación terminó.

Salí de aquella experiencia con el corazón profundamente golpeado.

Necesitaba silencio.

Necesitaba comprender los juegos del poder.

Necesitaba aceptar que el patriarcado no solo existe como una estructura externa, sino que también puede instalarse en nuestras formas de relacionarnos, incluso cuando creemos estar luchando contra él.

Comprendí que las mujeres también podemos competir de manera destructiva, humillar, excluir o ejercer violencia simbólica. Que defender un discurso no garantiza vivirlo con coherencia. Y que la sororidad es mucho más difícil de practicar que de pronunciar.

Para sanar emprendí un camino distinto.

Subí montañas.

Escalé el Rucu Pichincha, El Altar y otras cumbres de los Andes.

Necesitaba volver a escucharme.

Meses después, revisando el correo de mi iPhone, encontré una respuesta que jamás imaginé recibir.

Isabel Allende me había escrito:



Hoy, al recordar ese momento, más que la emoción de haber recibido un mensaje de una escritora que admiro profundamente, lo que permanece vivo son las preguntas que aquella experiencia dejó en mí.

Y quiero compartirlas contigo.

  • ¿Crees que puede existir una solidaridad auténtica entre mujeres?

  • ¿Podemos superar las rivalidades que surgen por el reconocimiento o por los espacios de poder?

  • ¿Somos capaces de reconocer el patriarcado que también puede habitar en nuestras propias prácticas y relaciones?

  • ¿Cómo seguir defendiendo los derechos de las mujeres sin perder la coherencia cuando aparecen las disputas de poder?

  • ¿Cómo construir verdaderos espacios de sororidad y colaboración?

  • ¿Cómo evitar reproducir las mismas dinámicas que durante tanto tiempo hemos cuestionado?

No tengo todas las respuestas.

Pero sigo convencida de que vale la pena seguir haciéndonos estas preguntas.

Porque quizá las transformaciones más profundas no empiezan simplemente con las leyes, sino cuando aprendemos a ejercer el poder de una manera distinta.

Remembrando este episodio, 11 de julio de 2026.


martes, 7 de julio de 2026

LA LITERATURA

Estoy en la oficina, en un espacio donde me contrataron para revisar procesos de organizaciones políticas. He acabado todo lo que me encomendaron que no es mucho.  Por eso hoy traje un libro que un gran amigo me lo prestó…

Empiezo a leer para aprovechar el tiempo de mi vida y hacerlo más bonito, con más intensidad, con más vivencias y sentimientos que solo el Arte nos da… 

Empiezo a sentir la magia de la Literatura.  Miro todo con más intensidad y sensibilidad. Empiezo a degustar de la magia de las letras de Lucrecia Maldonado, una profesora de la Universidad Católica de Quito y su antología de cuentos “Así nomás es la cosa”, un título con un modismo quiteño. 

Me encanta una frase escrita por un escritor quiteño, Freddy Peñafiel, que dice:  “Vive la vida con autenticidad y entrega a las causas en las que se cree”.  Esta frase me parece maravillosa porque ¿cuántas veces en la vida me he dejado llevar por la corriente?, ¿cuántas veces me he abandonado?   Pues varias y me he sentido muerta en vida… por querer encajar en espacios donde no pertenecía…

Sin embargo, estoy decidida a vivir con total intensidad, con toda la fuerza y la pasión, venciendo mis miedos y sobre todo amándome, mirándome a mí misma, más allá del mito del amor romántico, tal como soy, auténtica y libre.

Después sigo en el cuento mencionado arriba,  en el que se describen unos sentimientos guardados entre la escritora y un psicólogo, en los cuales se huele la atracción que sienten pero que no se concreta nada…

Leo otra frase maravillosa:  “Desde hace un tiempo tengo una respiración, así como … “suspirosa” … Como que se me cuelan unos suspiros cuando respiro” 

Me encanta todo lo que tenga que ver con los suspiros y respiros.  Es una de las maneras más hermosas de sentirse vivo y presente.  Es un un suspiro en el cual se expresa toda la nostalgia.  

Es en la respiración agitada en la cual se muestra la excitación más intensa. Es en un sorbo tranquilo en el cual se disfruta de la paz más intensa. Y así solo vivo respirando, suspirando y sintiendo cada instante de la vida.

sábado, 6 de enero de 2024

LA MUERTE CRUZADA

Me desperté el 17 de marzo del 2023. Eran las 6 de la mañana. A mi Whats App me llegaban mensajes de mis compas que no podían entrar a sus oficinas ubicadas en el Parlamento Ecuatoriano....

Enviaban fotos de militares y policías alrededor de la Asamblea Nacional como que fuera una trinchera.  Luego los noticieros de la mañana anunciaron que el Presidente de la República, Guillermo Lasso, había decretado la Muerte Cruzada. Era la primera vez que esta figura constitucional se aplicaba en el país.

Pero ¿qué es esto de la Muerte Cruzada? Sé que mucha gente que está leyendo este relato no entiende que es....

Este es un mecanismo constitucional creado desde el 2008 que tiene como fin la disolución de la función legislativa del Ecuador. Esto ocurre cuando la Asamblea obstruye el Plan Nacional de Desarrollo o por grave crisis política y conmoción interna.  Existieron estos requisitos que indica la Constitución? 

Pues como asesora parlamentaria en 6 años de mi vida, y en este último periodo me permito decir que la Asamblea Nacional con su gran diversidad política, ideológica y regional  estuvo defendiendo el Estado constitucional de derechos y justicia social, frente a minorías políticas que trataban de destruir la institucionalidad creada desde el 2008.  

Desde una mirada crítica, el gobierno del 2008 en el Ecuador tuvo aciertos y desaciertos, entre ellos, un acierto fue consolidar la institucionalidad del Estado con una visión de derechos. Se fueron creando instituciones que respondían a las demandas sociales del Ecuador. Un país lleno de inequidades, problemas sociales y ambientales. 

Sin embargo, desde el gobierno de Lenin Moreno y posteriormente de Guillermo Lasso, con el pretexto del “exceso de gasto público” se fueron reduciendo y desapareciendo instituciones encargadas de la política pública. Solo por ejemplificar, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, se convirtió en una Secretaría con menor capacidad de gestión en estos ámbitos de gran responsabilidad estatal.  

Después de la pandemia, las bandas encargadas del narcotráfico y el crimen organizado habían ganado nuevos espacios en el Ecuador, desplazándose de las fronteras hacia la ciudades y tomando el control de las cárceles del país.   El gobierno de Lasso no mostró capacidad para responder frente a esto.  Es así como Ecuador se ha sumido en una situación de inseguridad y desprotección estatal.  

En este contexto se inició el juicio político a ex presidente Lasso con el fin de destituirle.  Las voces chismosas dentro del parlamento contaban que no habían los votos suficientes para la destitución....  entre los chismes de los negociados políticos que existían con el fin de que parlamentarios no voten a favor de la destitución del Lasso. 

Bueno, aparentemente, el status quo existente se iba a mantener. Según el académico Alberto Acosta, quien fue uno de los principales autores de la Constitución del 2008, tras la Muerte Cruzada, indicó que no se puede violentar el debido proceso y que el proceso del juicio político no podía ser detenido por la figura de la Muerte Cruzada. Lamentablemente la falta de claridad en la redacción constitucional dio paso a este abuso de poder de parte del Ejecutivo, que si bien no estaba de acuerdo con el juicio político y su decisión podría haberse puesto en conocimiento de la Corte Constitucional.

Hubo demandas de inconstitucionalidad ante la Muerte Cruzada, todas inadmitidas por la Corte Constitucional. Es así como el mayor órgano de control constitucional, se blindó...

En este contexto más de mil personas que eran funcionarios públicos fueron notificados con su desvinculación laboral.  Lamentablemente, esto fue un duro golpe para profesionales y seres humanos, entre los cuales estaban madres solas cabeza de hogar, discapacitados, madres y familiares cuidadores de personas con discapacidades, mujeres embarazadas y en periodo de lactancia, con situaciones más complicadas y ahora enfrentaban el desempleo, sumándose a los altos índices ya existentes en el país. 

Y en medio de todo esto mi historia personal.  Una mujer profesional en busca de su independencia. Había renunciado a la Asamblea Nacional en el 2019 tras el acoso sexual y laboral de un asesor político, por no prestarme para ser su concubina.  

Después volví como asesora tras un proceso de sanación emocional.  Posteriormente, asesoré a dos personas jóvenes inexpertas en la política y cuyo fin era figurar y obtener favores políticos, estaba decepcionada y había renunciado. 

Pero después de subir horas y horas al Volcán Altar en Riobamba, tras hablar con Dios y pedirle un trabajo donde pueda fluir con mi profesionalismo e ideales, pude ser asesora de una gran mujer a la cual admiro y agradezco por devolverme la fe en el ser humano. Ella es una mujer madura, sabia, ya de más de 60 años, con un gran trabajo en territorio, una gran activista social. 

Ella tiene un carácter fuerte, decidida, imperativa pero al mismo tiempo una gran sensibilidad social y artística. Libre pensadora,  y eso me encantó.  Vi su gran personalidad, seguridad y liderazgo. No se sometía a nadie. Ni de sus compañeros de partido a quienes criticaba su machismo. 

Y así “bien parada” al estilo matrona mexicana, me inspiraba a sacar de mí esa mujer fuerte y decidida que existe dentro de mí y que por la educación de la “niña buena” me costaba expresarla. Estaba trabajando con esta gran política de izquierda, con visión crítica, con convicción, quien respetaba mis tiempos laborales y me quedé sin mi empleo. 

Mientras escribo esto, tengo ganas de llorar... ser profesional y humana, trabajar por los Derechos Humanos, en contextos políticos es difícil, hay muchas desilusiones con las personas por sus débiles liderazgos y falta de vocación social. Pero de vez en cuando te encuentras con personas con las cuales sí podemos crear y construir. 

Pero así es la vida, hay situaciones que no dependen de nosotros, hay situaciones en las cuáles perdemos el control... simplemente somos humanos frente a los vaivenes de la vida... frente a la cual nos conlleva reinventarnos y encontrar nuevos caminos para salir adelante, en nuestros proyectos, sueños y vida profesional y personal.

¿De quién son Jesús y los derechos humanos?

Leí el artículo de Xavier Reyes, “La derecha es el nuevo punk” , y me dejó una profunda reflexión. Me preocupa ver cómo Jesús está siendo ...