jueves, 6 de agosto de 2026

MIS RAÍCES

Quito, 6 de agosto de 2026

Hoy quiero compartir una experiencia que profundizó mi manera de comprender la danza, el cuerpo y la memoria.

Durante los últimos meses he acompañado a una comunidad de mujeres en un proceso creativo ecofeminista a través de la danza fusión oriental, dentro del Proyecto Casa Somos del Municipio de Quito. Nuestro viaje comenzó con una pregunta sencilla y profunda: ¿qué sucede cuando volvemos a los elementos que nos habitan?

Agua, tierra, fuego y aire.

Nuestro cuerpo está hecho de ellos. Somos agua que circula en la sangre, tierra que sostiene nuestra materia, aire que nos mantiene con vida y fuego que enciende nuestros sueños, nuestra creatividad y el deseo de vivir.

Sin embargo, en las sociedades contemporáneas vivimos cada vez más lejos de esa naturaleza que somos. La lógica de la productividad nos exige correr, producir y rendir sin descanso. El filósofo Byung-Chul Han describe cómo terminamos convirtiéndonos en nuestros propios explotadores. Mientras devastamos la Tierra, también agotamos nuestros cuerpos y nuestro espíritu.

Pero el arte tiene una forma silenciosa y rebelde de resistir.

Nos dice: detente.

Vuelve a la tierra.

Vuelve al cuerpo.

Vuelve a escuchar la lluvia, el viento, el silencio, las estaciones.

Vuelve.

Y nosotras volvimos.

Volvimos a la tierra a través de la danza.

A esa tierra donde descansan nuestras ancestras y nuestros ancestros; quienes caminaron antes que nosotros, atravesaron guerras, pobreza, migraciones, violencia, pérdidas y también momentos de esperanza. Gracias a ellos hoy estamos aquí.

Mirar hacia atrás no significa quedarse atrapadas en el pasado. Significa honrarlo. Comprenderlo. Darle un lugar para que deje de gobernar desde la sombra y pueda convertirse en raíz.

De ese proceso nació la coreografía Mis Raíces, creada junto a las alumnas del Taller de Danza del Vientre de Casa Somos Conocoto.

Más que una secuencia de movimientos, esta obra es un camino de reconciliación con nuestra historia personal y colectiva. Una historia marcada por heridas que muchas mujeres hemos heredado generación tras generación.

Crecimos escuchando frases que parecían normales:

"No hables."

"No muestres tu cuerpo."

"No muevas las caderas."

"Si enseñas las piernas parecerás una prostituta."

Mandatos que buscaron controlar nuestros cuerpos, nuestra libertad y nuestra voz.

En cada ensayo elegimos responder con movimiento.

Porque bailar también es una forma de decir no.

No al miedo.

No a la vergüenza.

No a la culpa heredada.

Cada giro, cada ondulación y cada paso fueron pequeños actos de libertad.

En el grupo convivieron niñas, jóvenes, mujeres adultas y adultas mayores. Cada una llegó con una historia distinta, pero muy pronto descubrimos que compartíamos preguntas, heridas y deseos parecidos.

Entre los ensayos aparecieron conversaciones profundas, silencios que abrazaban y sentires que no necesitaban explicación.

Después llegó otro desafío inesperado: elegir el vestuario.

Y allí apareció uno de los conflictos más cotidianos y, quizá, más invisibles que enfrentamos las mujeres: la relación con nuestro propio cuerpo.

Nos preocupaban los rollitos de la cintura, las cicatrices, las marcas que dejó la maternidad, el paso del tiempo, aquello que aprendimos a esconder porque alguna vez nos hicieron creer que era imperfecto.

Nos tomó tiempo llegar a un acuerdo.

Al final decidimos que cada mujer adaptara la parte superior del vestuario según aquello que le permitiera sentirse cómoda y segura.

Comprendimos que la libertad también consiste en poder elegir.

Durante todo el proceso hablamos de las imposiciones sobre la belleza, de los modelos imposibles que consumimos desde niñas y de cómo tantas veces aprendimos a mirarnos con dureza.

No es sencillo descolonizar la mirada, ni el cuerpo.

No es fácil dejar de compararnos cuando crecimos rodeadas de imágenes que pretendían definir cómo debía verse una mujer.

Pero lo intentamos juntas.

Y eso hizo toda la diferencia.

Porque aprender a bailar también fue aprender a habitar nuestro cuerpo con un poco más de ternura.

Al finalizar la coreografía Mis Raíces, nos reunimos en círculo para compartir lo vivido.

Escuché palabras que aún resuenan dentro de mí:

Cerrar un ciclo.

Reconciliarme.

Honrar.

Comprender.

Agradecer.

Avanzar.

Entonces entendí que la danza había hecho algo mucho más profundo que enseñar una coreografía.

Había abierto un espacio para mirarnos con honestidad y reconocer que nuestro pasado no determina nuestro destino.

Podemos elegir qué conservar y qué transformar.

Volver a las raíces es un acto de valentía.

Es abrazar la tierra que nos dio origen.

Es reconocer la historia de quienes nos precedieron sin romantizar sus dolores, pero también sin negar los aprendizajes que nos dejaron.

Es hacer las paces con aquellas heridas que heredamos para dejar de repetirlas.

Cada paso que danzamos fue una ofrenda de amor a nuestros ancestros.

Cada movimiento fue una manera de agradecer la vida recibida.

Cada giro fue una promesa de que podemos construir una historia distinta para nosotras y para quienes vendrán después.

Porque cuando hacemos las paces con nuestro pasado, la Tierra nos sostiene, las raíces nos fortalecen y el futuro comienza, lentamente, a florecer.

Hoy comparto con ustedes Mis Raíces, una creación nacida desde el abrazo de la Tierra, de la memoria que habita nuestros cuerpos y de las historias que siguen vivas en nuestro linaje para honrarlas y avanzar con libertad hacia nuestros propios sueños.

Esta obra fue creada desde mi alma e interpretada con entrega por las alumnas del Taller de Danza del Vientre de Casa Somos Conocoto del Municipio de Quito, mujeres que encontraron en el arte un espacio para sanar, crear y florecer juntas.

Si este mensaje resonó en ti, te invito a acompañar esta creación con un me gusta, un comentario o compartiendo el video. Cada gesto ayuda a que este mensaje de reconciliación, memoria y esperanza llegue a más personas.

🌿 Porque cuando honramos nuestras raíces, la Tierra nos sostiene, nuestra memoria florece y el futuro se llena de posibilidades.

"Mis Raíces"




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